
Hay espacios y geometrías que suponen un desafío inicial… y un resultado final extraordinario.
En este proyecto residencial, ubicado en plena naturaleza, el objetivo era claro: dar continuidad al interior de la vivienda hacia el exterior, generando un espacio protegido del Sol, confortable y en armonía con el entorno.
Para lograrlo, se apostó por las pérgolas bioclimáticas, una solución que permite regular la luz y la temperatura de forma natural gracias a sus lamas orientables, mejorando el confort y ampliando el uso del espacio exterior durante todo el año.


El reto venía definido por la propia arquitectura. Un espacio predefinido, con una geometría irregular, que requería una solución completamente personalizada. La propuesta se materializó en la instalación de cuatro Pérgolas Bioclimáticas P-150, diseñadas con estructura trapezoidal y columnas paralelas a la fachada.
Esto implica que los cuatro ángulos de cada pérgola son diferentes, así como sus medidas y diagonales. Su complejidad geométrica se suma al hecho de que cada una de las cuatro pérgolas bioclimáticas dispone de dos fijas, tanto en la apertura con en el cierre.


Esta configuración ha supuesto una mayor dificultad en el ajustes de las lamas, para mantener una estética homogénea del conjunto, con el objetivo de igualarlos visualmente en las cuatro estructuras.

Más allá del reto técnico, el proyecto cuida especialmente la integración visual con el entorno. La estructura de las pérgolas en RAL 7022, un color gris terroso, con un matiz marrón pronunciado, se combina con lamas en RAL 1015, en tono marfil claro, con matices crema y arena, que aportan luminosidad y calidez al espacio.


Cuatro estructuras diferentes que funcionan como una sola. Una solución que convierte la complejidad en equilibrio, continuidad y bienestar.
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